Faltan pocas semanas para que las delegaciones se sienten en la sala y el borrador del comunicado final ya circula entre las misiones permanentes. Lo que aparece por escrito en esa primera versión no es lo mismo que lo que se discute en los pasillos: hay temas que entran con redacción cerrada y otros que llegan marcados entre corchetes, a la espera de que alguien ceda. Este repaso ordena ambos grupos antes de que empiece la Asamblea.
Los bloques regionales llegan con posiciones bastante definidas. El arco del Pacífico empuja un párrafo explícito sobre encadenamientos productivos y facilitación de comercio, mientras que varios países del Caribe insisten en que la cooperación en infraestructura portuaria no quede como anexo técnico. La discusión sobre financiamiento climático sigue siendo el punto donde más se cruzan las agendas comerciales con la política exterior, y donde es más probable que el texto final quede más blando de lo que proponen los borradores iniciales.
Consultamos a dos académicos que siguen el proceso desde hace años. Ambos coinciden en algo poco vistoso pero decisivo: la cronología de las últimas resoluciones muestra un patrón de continuidad que rara vez se rompe en una sola Asamblea. Las declaraciones fuertes suelen llegar antes, en las reuniones preparatorias, y lo que se firma al final tiende a ser más acotado. Eso no significa que la cumbre no importe: significa que conviene leerla junto con los documentos previos y no solo con el comunicado del último día.
En paralelo a las sesiones, la ciudad anfitriona recibe ferias sectoriales que suelen pasar desapercibidas en la cobertura grande. Ahí es donde muchas delegaciones comerciales hacen su trabajo real: reuniones bilaterales breves, contactos entre cámaras y primeras conversaciones sobre logística. Vale la pena mirar esa agenda paralela con la misma atención que el plenario.